lunes, 30 de marzo de 2009

AL FINAL NO APAGASTE EL DESPERTADOR

¿Cuántas veces te lo dije? ¿Cuántas veces te lo pedí? Y me dijiste que sí como aprobando mi pedido y diciendo tácitamente que vos querías lo mismo. Que vos tampoco querías que suene el despertador.

¡Qué maravilloso fue sentir tu cuerpo desnudo junto al mío! ¡Qué alucinante fue robarte la respiración mientras me mirabas, ¿tímidamente?, con “esa cara”! ¡Qué inolvidable fue verte dormir tan cómoda que ni me atreví a quitarte parte de la almohada! ¡Qué sorpresa impensable fue despertarme y darme cuenta que tu cabeza estaba apoyada en mi pecho y que mi brazo te aferraba como no dejándote escapar! Aunque no parecía que quisieras hacerlo.

Qué no daría ahora para tomar un mate, sólo uno, a tu lado, en silencio y hablando a través de los ojos. Qué no daría ahora para que una vez más te quedes dormida a mi lado. Qué no daría ahora por respirar tu olor y que se impregne en mi ropa de tanto abrazarte robándome así un regalo tuyo sin quererlo. Qué no daría ahora…

Y no apagaste el despertador. Y el despertador sonó y acá estoy yo y ahí estás vos. Ansioso espero poder dormir para volver a vivir todo y comenzar así este, por el momento, perpetuo ciclo de sueño y vigilia hasta que llegue esa vez en que suene el despertador, me despierte y me sorprenda al verte durmiendo cómoda y apoyada en mi hombro mientras mi brazo te aferra como no dejándote escapar. Aunque tampoco parece que quieras hacerlo…

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